Aforats desenfrenats

A propòsit dels “nous” escàndols de la classe política que ens menysprea de manera cada vegada més evident és bo recordar d’on venim i per què som on som.

Fa més de quaranta anys, el 15 d’octubre de 1977 el Govern promulgà la Llei d’Amnistia, que l’oposició franquista demanava a crits pels carrers. La llei no sols serviria per amnistiar els presos polítics repressaliats per la Dictadura sinó que també -sobretot- serviria per amnistiar tots els actes considerats de rebel·lió i sedició comesos amb anterioritat al dia 15 de desembre de 1976. És a dir, la llei acollida com un èxit per l’oposició franquista tenia una lectura molt més àmplia que no semblava en el moment de la seua aprovació, com s’ha demostrat arran de les denúncies interposades pels delictes de lesa humanitat comesos pel règim del general Franco durant i després de la guerra. Aquestes denúncies sempre s’han estavellat contra el mur infranquejable bastit per la Llei d’Amnistia. Aquesta és la raó per la qual organitzacions internacionals com Human Rights Watch i Amnistia Internacional han sol·licitat en repetides ocasions al Govern d’Espanya la derogació de l’esmentada llei per considerar-la incompatible amb el Dret Internacional. Valga l’exemple del senyor Navanethem Pillay, representant de l’Oficina de l’Alt Comissionat de les Nacions Unides per als Drets Humans, que el 10 de febrer de 2012 va sol·licitar de manera formal al govern espanyol la derogació de l’esmentada llei per incompliment de la normativa internacional sobre els Drets Humans. Més clar, la llei d’amnistia va legalitzar allò que mai no hauria d’haver estat legalitzat: els crims comesos pels vencedors del cop d’estat de 1936.

Algunes de les conseqüències de la llei d’amnistia les podem trobar en notícies publicades entre gener i abril de 2014 al periòdic El Mundo:

“la democracia con más aforados de Occidente: unos 10.000. La cifra provoca sonrojo si la comparamos con la de países de nuestro entorno. Francia sólo blinda a su presidente y sus ministros; Italia y Portugal, a su jefe de Estado. Y en democracias tan robustas como Alemania, EE. UU. y Gran Bretaña esta prebenda ni siquiera existe. En España, sin embargo, la relación de aforados se asemeja a una listín telefónico. Lo encabezan el presidente, sus ministros y los parlamentarios nacionales. Pero, más adelante, aparecen cargos insólitos como el fiscal togado del Ejército o los tres adjuntos al defensor del pueblo andaluz. «En España, un político no es nadie si no está aforado», ironiza Juan Luis Gómez Colomer, coautor del mayor tratado sobre el aforamiento, que protege a 3.000 políticos y 7.000 jueces y fiscales.” (El Mundo.es 19 de enero de 2014)


“La Reina y los Príncipes de Asturias serán aforados ante el Tribunal Supremo, es decir, en caso de ser imputados por algún delito la causa corresponderá tramitarla al Alto Tribunal, ha anunciado el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, al término del Consejo de Ministros. Así se contempla en el informe previo al anteproyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), que ha sido aprobado este viernes (4 abril) en el Consejo de Ministros y que hará que la Reina y los Príncipes tengan el mismo tratamiento judicial que otros altos cargos, como el presidente del Gobierno, sus ministros, diputados y senadores y la cúpula judicial. Concretamente, la intención del Ejecutivo es la de mantener a los aforados que ya contempla la legislación e incluir en esta lista "al rey consorte, al consorte de la reina y al príncipe y su consorte", según ha detallado Ruiz-Gallardón. El ministro ha recordado que no hay necesidad de extender el aforamiento al Rey puesto que la Constitución ya establece en su artículo 56 que "la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad". (El mundo.es 4 abril 2014)

El sentit del mot aforat no deixa lloc a dubtes: persona que compta amb furs especials, que es beneficia d’una jurisdicció privilegiada. Alfonso Villangómez, en el seu article sobre els aforats ¿Qué sentido tiene el aforamiento? planteja la següent qüestió:

“Sin duda, el conjunto de “singularidades” procesales-penales de las que gozan nuestros parlamentarios (nacionales y autonómicos) y nuestros altos cargos es demasiado extensa y no tiene parangón en ningún otro ordenamiento jurídico comparado. (...) aforados con que contamos en España, algunos tan curiosos como los vocales del Consejo General del Poder Judicial, los propios magistrados del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional, los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, los fiscales de Sala del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional. Por no hablar del Defensor del Pueblo, ¡de sus adjuntos!, de los consejeros del Tribunal de Cuentas, de los del Consejo de Estado, los generales del Ejército, los almirantes, el fiscal Togado, los Defensores del Pueblo autonómicos... y los miembros de la Policía Nacional, Guardia Civil, policía autonómica y hasta la policía local. Unos cuantos que están aforados al mismo Tribunal Supremo, otros a los Tribunales Superiores de las Comunidades Autónomas, y otros tantos a las Audiencia Provinciales, pero todos con idéntico “privilegio”. Porque la verdad es que el aforamiento contradice radicalmente el principio de igualdad sin justificación alguna: ¿por qué las normas procesales tienen que ser modificadas en beneficio de ciertas personas? ¿Es que la llamada al proceso de unos es distinta de la de otros?” (El País 13 abril 2014)

 

Trobe que no caldrà respondre la pregunta retòrica que formula l’autor de l’article.

 

 

 

 

 

 

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